sábado, 11 de julio de 2015
NIÑOS Y VACACIONES
Hola, queridas mamás.
Debo contarles que no se cómo pero han venido a mi mente los recuerdos de mi infancia y de cómo pasaba las vacaciones de verano en mi hogar...¡SI! en casa con mis cinco hermanas y mi mamá.
Es obvio que los tiempos han cambiado y mucho. Mi mamá era ama de casa y para mi no hubo cursos de verano; los dos meses que teníamos de vacaciones los pasábamos en familia. ¿Qué hacíamos?
Sí, entre muchas cosas, jugamos a la comidita, y nada tiene que ver con la imagen que inserté. Nosotros jugábamos con lodo y hojas y flores del jardín o de las macetas de mi abuelita. Nuestros trastes eran pequeñas ollas y cazuelas de barro....y mucha imaginación.
También jugamos a la casita e incluso al castillo: sobre la cama apilábamos todas las almohadas y a quien le tocara ser la princesa (porque mi mamá era la reina) podía subir a la cima de esa montaña, sentarse en la parte más alta y dar algunas órdenes a las súbditos; generalmente ese puesto lo ocupaba alguna de las más pequeñas.
No faltaba el jugar con las muñecas, algunas cerraban los ojos si las acostabas, pero si se trataba de que llorarán porque eran bebés, entonces había que hacer el sonido correspondiente, cambiarles el pañal, bañarlas, arrullarlas, etc. porque las muñecas no tenían ningún mecanismo integrado que les permitiese hacer alguna monería.
También jugábamos con las canicas, al avión, los encantados, a pares y nones, la víbora de la mar, escondidillas, el "bote", balero, trompo, y subir al columpio. De éste último debo decirles que colgaba de una rama muy alta del nogal en la casa de mis abuelos y que te permitía "volar" de manera que tus pies casi tocaban el techo de la cocina.
Era buenísimo cuando nos reuníamos con nuestros primos y primas ya sea de la familia paterna o materna. ¡Imaginen alrededor de veinte o un poco más de niños de todas las edades jugando! incluso cantábamos y no faltaba la ocasión para presentar una obra de teatro improvisada para la abuelita enferma.
No faltaba alguna que otra diferencia, pero entre niños se arreglaban las cosas y como si nada hubiera pasado, la fiesta era llevada en paz.
Dos meses para jugar, ir al campo, a veces de paseo y ocasionalmente para ayudar en algún pequeño trabajo y participar en el hogar aprendiendo muchas cosas, cosas para la vida, que me hacían sentir inmensamente feliz. Aprendí a convivir,a tomar en cuenta reglas y turnos, a ser tolerante, dar mi opinión, sentirme valiosa...en fin...cuando era hora de volver al colegio ya tenía la mente abierta al conocimiento académico y nos encontrábamos con la sonrisa de un profesor que también había descansado y tomado fuerzas para un nuevo ciclo escolar...porque para eso sirven las vacaciones ¿o no?
Debo contarles que no se cómo pero han venido a mi mente los recuerdos de mi infancia y de cómo pasaba las vacaciones de verano en mi hogar...¡SI! en casa con mis cinco hermanas y mi mamá.
Es obvio que los tiempos han cambiado y mucho. Mi mamá era ama de casa y para mi no hubo cursos de verano; los dos meses que teníamos de vacaciones los pasábamos en familia. ¿Qué hacíamos?
Sí, entre muchas cosas, jugamos a la comidita, y nada tiene que ver con la imagen que inserté. Nosotros jugábamos con lodo y hojas y flores del jardín o de las macetas de mi abuelita. Nuestros trastes eran pequeñas ollas y cazuelas de barro....y mucha imaginación.
También jugamos a la casita e incluso al castillo: sobre la cama apilábamos todas las almohadas y a quien le tocara ser la princesa (porque mi mamá era la reina) podía subir a la cima de esa montaña, sentarse en la parte más alta y dar algunas órdenes a las súbditos; generalmente ese puesto lo ocupaba alguna de las más pequeñas.
No faltaba el jugar con las muñecas, algunas cerraban los ojos si las acostabas, pero si se trataba de que llorarán porque eran bebés, entonces había que hacer el sonido correspondiente, cambiarles el pañal, bañarlas, arrullarlas, etc. porque las muñecas no tenían ningún mecanismo integrado que les permitiese hacer alguna monería.
También jugábamos con las canicas, al avión, los encantados, a pares y nones, la víbora de la mar, escondidillas, el "bote", balero, trompo, y subir al columpio. De éste último debo decirles que colgaba de una rama muy alta del nogal en la casa de mis abuelos y que te permitía "volar" de manera que tus pies casi tocaban el techo de la cocina.
Era buenísimo cuando nos reuníamos con nuestros primos y primas ya sea de la familia paterna o materna. ¡Imaginen alrededor de veinte o un poco más de niños de todas las edades jugando! incluso cantábamos y no faltaba la ocasión para presentar una obra de teatro improvisada para la abuelita enferma.
No faltaba alguna que otra diferencia, pero entre niños se arreglaban las cosas y como si nada hubiera pasado, la fiesta era llevada en paz.
Dos meses para jugar, ir al campo, a veces de paseo y ocasionalmente para ayudar en algún pequeño trabajo y participar en el hogar aprendiendo muchas cosas, cosas para la vida, que me hacían sentir inmensamente feliz. Aprendí a convivir,a tomar en cuenta reglas y turnos, a ser tolerante, dar mi opinión, sentirme valiosa...en fin...cuando era hora de volver al colegio ya tenía la mente abierta al conocimiento académico y nos encontrábamos con la sonrisa de un profesor que también había descansado y tomado fuerzas para un nuevo ciclo escolar...porque para eso sirven las vacaciones ¿o no?
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