Hace algunos días una maestra de inglés que daba clases a muchachos mexicanos y chinos, me describía las dificultades que tuvo al revisar los trabajos de sus estudiantes, pues para ella no concordaban con lo que esperaba en cuanto a redacción. Y me dijo:
Los norteamericanos hablamos así (y con el dedo en el aire describió):
________________________________
________________________________
________________________________
Los chinos, nunca van a ir al tema central, hablarán del "contorno" del tema y dejarán abierta la posibilidad de sacar conclusiones a su oyente:
Y, los mexicanos, antes de entrar al tema central, se darán un paseo por el lenguaje:
_______________
__________________________________________________________
_____________________
______
En fin, que quizá lo mismo nos pasa cuando hablamos con nuestros hijos adolescentes, otra generación con palabras nuevas y con un sentido del tiempo y el espacio que quizá ya nada tiene que ver con nuestra concepción.
Lo que me queda claro es que debemos asegurarnos de que comuniquemos ideas y sentimientos de forma clara y siempre desde el AMOR que experimentamos por ellos (¿recuerdas cuando l@s tenías en tus brazos y sentías su cuerpecito tibio pegado a tu piel, su mano apretando tu dedo y sus ojos viendo los tuyos?)
Y esto me lo digo a mi misma: respira profundo, toma tus gotitas (flores de Bach ¡gracias doctora!), recuerda momentos agradables, escoge tus palabras y no pierdas de vista el objetivo al hablas con tu retoño.
¡NUNCA; NUNCA; NUNCA!
Ya que después, ¿cómo le hace uno para reparar un
corazón herido?

No hay comentarios:
Publicar un comentario